Este año la SEMINCI busca más que nunca reivindicar el papel de los festivales como plataforma de exhibición de un cine distinto, ese que raramente llega a las salas de cine comerciales. Películas difíciles, especiales, raras, pequeñas pero importantes que han descubierto durante el año por el mundo y que son impactantes, que cuentan historias sobrecogedoras, etc. Todo menos dejarnos indiferentes… Y cuyas posibilidades de llegar a ser conocidas por el público general depende de festivales como la SEMINCI.

Una edición que insiste en la defensa del cine de autor. entendido como el cine hecho por creadores donde  el director es, a su vez, el guionista o autor de la idea original. Películas rodadas al margen de los grandes estudios, de los grandes presupuestos y de las millonarias campañas de promoción y marketing. Películas que no precisen de efectos especiales visuales o sonoros de manera imprescindible. Películas con la ambición de innovar en los aspectos técnicos y de huir de los lugares comunes en su argumento. Películas que no sólo busquen divertir o entretener y que sean capaces de hacernos meditar, reír y/o llorar, emocionarnos, indignarnos, que remuevan los sentidos y provoquen nuestros sentimientos.

Bien merece la pena acercarse acercarse algún día o una escapada de fin de semana a Valladolid para disfrutar de algunas de las más de 1.000 cintas, entre largos y cortos que se pasrán durante la semana del festival dentro de alguna de las diferentes secciones y ciclos programados: Sección Oficial; Punto de Encuentro; Tiempo de Historia; Spanish Cinema; Castilla y León en Corto; ECAM; Universo Chabrol; Brasil: El cine del Siglo XXI y Sesiones Especiales.

Y ahora un mensaje de nuestra señora ministra: No copieis las películas, compradlas y pagar el canon, los derechos de autor

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